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La nueva normalidad de las drogas: la ONU augura un aumento de la criminalidad por el COVID



La crisis del COVID-19 ha afectado a todos los ámbitos, legales o ilegales, y el de las drogas no es una excepción. El Informe anual de la agencia de Naciones Unidas contra las drogas y el crimen advierte que la pandemia está dando lugar a nuevas rutas y métodos del narcotráfico además de al uso de nuevas sustancias, a menudo muy peligrosas.

"Hay más personas consumiendo drogas, más sustancias y más tipos de estupefacientes que nunca", resume la situación la nueva directora ejecutiva de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (ONUDD), Ghada Waly. "El mercado de drogas se está volviendo cada vez más complejo. Sustancias de origen vegetal como el cannabis, la cocaína y heroína se unen a cientos de drogas sintéticas, muchas sin control internacional", expone el informe.


También aumenta el consumo de drogas farmacéuticas -en algunos casos falsificaciones- con fines recreativos y sin supervisión médica, algo que ha causado en los últimos años decenas de miles de muertos en Estados Unidos.
Nuevas rutas y métodos en un mundo confinado

Debido a las restricciones para frenar el COVID-19, los narcotraficantes buscan nuevas rutas y métodos, y se cree que han aumentado las actividades a través de la denominada "red oscura" de Internet y los envíos por correo, según el informe.

Las rutas aéreas -importantes para el tráfico de anfetaminas y drogas sintéticas- y las terrestres -fundamental para la heroína- han tenido que modificarse debido a la cancelación de vuelos y el cierre de fronteras.

El incremento de incautaciones de cocaína en puertos europeos o los alijos de heroína intervenidos en barcos en el Índico, como alternativa a la terrestre ruta de los Balcanes, son indicios de esos cambios.
Escasez de productos para fabricar drogas...

El parón del comercio internacional también se ha notado en la escasez de precursores químicos necesarios para producir heroína o cocaína, lo que ha podido reducir su fabricación. La ONU señala que el mayor control en las fronteras está llevando a un menor tráfico de heroína desde México a EEUU, lo que ha generado escasez de ese opioide.

También en Europa se ha detectado una caída de la oferta. Otro indicio de la escasez de la oferta es la subida de los precios de las drogas en diferentes mercados. Las restricciones al movimiento y a las reuniones han podido llevar a una caída momentánea del consumo, especialmente de aquellas drogas -como los estimulantes- que suelen aparecer en festivales de música o discotecas.
...que aumenta las conductas de riesgo

La ONU advierte que la ausencia de opioides debido a las restricciones ha podido llevar a buscar un sustitutivo en el alcohol, las benzodiacepinas o las drogas sintéticas.

También se ha podido sustituir la heroína por sustancias más dañinas producidas localmente, como el fentanilo, un analgésico sintético 50 veces más potente. De esta forma, también se teme que hayan aparecido patrones de consumo más dañinos con sustancias inyectables por medio de jeringuillas, y el consiguiente riesgo de transmisión de enfermedades como el VIH/SIDA o la Hepatitis-C.
Previsión de un mayor consumo ligado al aumento de la pobreza

También advierte de que la actual crisis económica afectará especialmente a las personas que ya son las más vulnerables. El aumento del desempleo y la pobreza por la crisis pueden llevar a un incremento del consumo de drogas, así como a que más gente contemple el cultivo ilícito o el tráfico de drogas como opciones para subsistir, advierte el informe. "La crisis de COVID-19 y la recesión económica amenazan con agravar aún más los peligros de las drogas, cuando nuestros sistemas sociales y de salud han llegado al límite", advierte Ghada Waly.

Por ello, la ONU pide que no se repita la respuesta de la crisis de 2008, que consistió en reducir los fondos de prevención, asistencia y tratamiento a problemas de drogas.

Por último, la ONU critica que el 90 % de los opioides para tratamiento del dolor y cuidados paliativo se empleen en países ricos que representan solo el 12 % de la población mundial. El reverso de esa cifra es que el 88 % de la población restante -toda en países en desarrollo- emplea menos del 10 % de esos analgésicos, como la morfina, para paliar el dolor.

La ONU también apunta a diferencias sociales: mientras que la mayor prevalencia de consumo se da en las capas más favorecidas, los problemas más graves de drogadicción se registran sobre todo entre los más pobres. "Los datos de varios países sugieren una asociación entre patrones dañinos de consumo de drogas y bajos ingresos".
Aumenta el número de consumidores mundiales

La ONU calcula que en 2018 había unos 269 millones de consumidores de drogas en el mundo, lo que equivale al 5,4 % de la población adulta mundial. Una de cada 19 personas del planeta. Esa cifra es un 30 % mayor que en 2009, mientras que más de 35 millones de personas padecen trastornos graves por drogadicción. El informe repite sus estimaciones sobre 585.000 muertos en 2017 debido al consumo de drogas.

El cannabis sigue siendo la droga más popular del mundo con 192 millones de consumidores, pero los opioides, como la heroína o sus análogos, son los más letales ya que están detrás de dos tercios de las muertes.
La producción de cocaína en máximos históricos, aunque perturbada por el COVID

"El cultivo del arbusto de coca continúa en sus niveles históricos más altos", señala el documento. "La producción global estimada de cocaína alcanzó, una vez más, un máximo histórico, y las incautaciones mundiales aumentaron marginalmente, hasta la mayor cantidad nunca registrada", prosigue el informe.

En 2018 se produjeron 1.723 toneladas de cocaína con una pureza del cien por cien, por lo que la cifra que llega al mercado es mucho mayor, ya que los narcotraficantes mezclan la droga con otras sustancias para aumentar sus beneficios.

En el mundo hay un total de 19 millones de consumidores de cocaína, lo que supone el 0,4 % de la población adulta del planeta, y sus dos mayores mercados son América del Norte -con una tasa de consumo del 2,1 %- y Europa -con el 1,4 %-.

Donde se registró la mayor tasa de consumo en el mundo en 2018 fue en Australia y Nueva Zelanda con el 2,2 % de la población de 15 a 64 años, mientras que el consumo medio en América Central (0,7 %) y América del Sur (1 %) también supera la media mundial.

En América del Sur hay 2,8 millones de consumidores de cocaína y el mayor mercado regional es Brasil. Argentina -con una tasa del 1,5 % entre la población adulta- ha visto casi duplicarse el número de consumidores entre 2007 y 2017, según el informe. En Uruguay el ratio de consumo es del 2 % entre los adultos de entre 15 y 64 años.

En Colombia, las fuerzas de seguridad "incrementaron su presión durante la pandemia" y "la campaña de erradicación del arbusto de coca continúa como se planeó". Al mismo tiempo, la producción de cocaína parece haberse frenado en ciertas zonas, especialmente en el este de Colombia, debido a la escasez de gasolina, que es esencial para su fabricación. En Bolivia, las "turbulencias políticas" y la COVID-19 están limitando la capacidad de las autoridades para controlar el cultivo de coca, lo que podría generar un aumento en su producción en el futuro, advierte la ONU. Y en Perú la caída del precio de la hoja de coca puede llevar a desalentar el cultivo a corto plazo, aunque la crisis económica puede llevar en toda la región a que más campesinos opten por este cultivo para subsistir.