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JONATHAN GLAZER







Es “Under The Skin” una de las películas (no solo) de ciencia ficción más misteriosas de la década. Misteriosa, insondable y abierta a tantas lecturas que da vértigo. Y, por paradójico que resulte, precisamente por esa naturaleza incógnita y desafiante solemos acercarnos a ella con miedo. 


Tendemos a descifrar su inmensidad con reflexiones titubeantes y nos limitamos a adular su potencia visual para disimular el desasosiego que generan esas obras que no se dejan descifrar a la primera. Y que quizá no se dejan descifrar porque esa cualidad incomprensible es lo que las hace fascinantes. Al aludir a lo incomprensible no pretendo catalogar como críptica la película de Jonathan Glazer, inspirada con libertad en una novela de Michel Faber. 


Su narrativa, de hecho, es clara y precisa: una misteriosa mujer (Scarlett Johansson) recorre en furgoneta las calles de Edimburgo y seduce y rapta a los varones que se cruzan en su camino.

Lo inasible del filme no es el relato. Lo inasible es su atípico y complejo (por desconocido) punto de vista, el de ese ser ajeno a nuestro mundo (razón por la que se mueve entre la fascinación, la alienación y el deseo de pertenencia, traducido en su impulso de poseer al otro) que parece ser una extraterrestre. 


También son inasibles su colchón temático y su dimensión emocional: cada uno es libre de elegir a qué asuntos y sentimientos se aferra, y tiene dónde escoger. Como ya habrá quedado claro, es un filme opuesto a la interpretación única. 


Y son inasibles sus imágenes. No era la primera vez que Glazer componía imágenes insondables: en “Reencarnación”(2004) ofreció el plano más bello y enigmático jamás tomado del rostro de Nicole Kidman, nos dio la opción de arrojarnos al abismo de un personaje. Pero en “Under The Skin” se confirmó como uno de los creadores más importantes de este siglo de imágenes de largo, eterno recorrido.

Video de cortesía: