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El camino del vago


By: Luis Rosario

Te consideras una persona vaga? Difícilmente pensarás eso de ti, porque todos tenemos la mejor de las opiniones cuando se trata de nosotros mismos y queremos presentar la mejor imagen que nos permita acreditarnos positivamente en este mundo de competencia en el que vivimos. Yo no creo que tú seas de aquellas personas que preguntan si tendrán que subir al cielo, o los vendrán a buscar.

La haraganería es una tentación permanente y descuidarse en este renglón significa echarse a dormir y negarse a tomar cualquier iniciativa que permita un avance personal y comunitario. El ser humano tiene como meta emprender nuevas aventuras que le permitan crecer y ayudar a los demás a desarrollarse, rompiendo todo obstáculo material o espiritual que se interponga. Para eso es necesario mucha disciplina y capacidad de aprendizaje de las propias experiencias y de la de los demás.

Todos nacemos con la capacidad de aprender, pero ese aprendizaje no se da si no hay un esfuerzo personal y colectivo que permita romper con las mañoserías a las que estamos apegados y que nos impiden abrirnos a un mundo de aventuras del cual sólo Dios conoce los límites.

Ser bruto y contentarse con serlo, significa menospreciar las capacidades que hemos recibido y que lamentablemente no ponemos a fructificar para bien propio y colectivo. El camino del vago que está consciente de serlo está cerrado y no lleva a conclusiones positivas. Para no ser vagos hay que salirse del montón, porque donde quiera podemos encontrar este tipo de personas. Algunas lo son por necesidad, otras por falta de acompañamiento, incluso algunas por falta de diligencia o por aptitudes no desarrolladas por quienes tienen el compromiso de multiplicar las pocas o muchas facultades que nos ha dado la naturaleza.

Cuando éramos niños, nuestros deseos y proyectos eran limitados, en la medida que fuimos creciendo y comprendiendo un poco mejor el misterio de la vida, se fueron expandiendo nuestros anhelos de saber más, de aportar más al crecimiento comunitario y de desarrollar nuestras capacidades de acuerdo a los avances de la tecnología. A los que se apartan del camino del vago, se les abren nuevas puertas de un mundo jamás sospechado y deslumbrante.