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Relato: ¡En el Matum el 19 de diciembre 1965!







Relato realizado en el programa Entre Punots que produce la Arq. Mónica Gutierrez Fiallo, en RNN, canal 27.

Por: William (Bill) V. Wall

Antecedentes

YA HABÍA CONCLUIDO LA CONTIENDA CONOCIDA COMO LA REVOLUCIÓN DE ABRIL 1965 y el país volvía con lentitud a la normalidad, cuando el domingo 19 de diciembre de ese mismo año sucedió lo inesperado; un asalto militar al Hotel Matum en la ciudad de Santiago de los Caballeros. Este año se cumple el cincuenta y cinco aniversario de ese evento insólito, que durante 7 horas mantuvo en suspenso y conmovido al pueblo dominicano. Volvamos al pasado.

Yo estaba hospedado en el Hotel desde unos días antes por motivos de trabajo, y el sábado 18 asistí a un baile de presentación en sociedad en el Centro de Recreo, como acompañante de la que hoy es mi esposa, junto con mi mejor amigo Valentín Sosa, que a la vez acompañaba a otra chica.

Él llegó a Santiago ese mismo día y estando el hotel completamente ocupado decidimos compartir mi habitación que estaba ubicada en el piso superior en la parte frontal del edificio, desde donde se divisaba el Monumento a los Héroes de la Restauración, cuya estructura domina los alrededores.

Compartieron esa velada con nosotros mi actual cuñada Cristina Álvarez y su esposo Ian Murray, compañero mío de trabajo, los cuales también se hospedaban en el Matum. Retornamos al Hotel de madrugada, felices y fatigados con la intención de descansar para regresar a Santo Domingo al mediodía. Las intenciones eran buenas pero el destino nos tenía reservado una experiencia inolvidable para ese domingo fatídico, en víspera de navidad.




Comienza el asalto

A las 10.20 de esa mañana soleada, suenan unos disparos en el exterior del hotel y mi amigo que dormía en la cama cercana a la ventana abierta, salta y se sitúa debajo de la misma.

Yo salté de mi cama en dirección contraria y entré en el closet desde donde divisaba claramente el Monumento y la explanada que descendía hacia el Hotel.

En la pared debajo de la ventana, había un hoyo destinado a la instalación futura de una unidad de aire acondicionado, que estaba cubierto parcialmente por una plancha de “plywood”. A través de los espacios que quedaban al descubierto, mi amigo observa a un hombre vestido de civil en la entrada del Hotel, empuñando una pistola. escudándose detrás de un vehículo. Yo por otro lado veía soldados, fusil en mano. disparando corriendo hacia el hotel desde el Monumento. Así comenzó para los ocupantes del Hotel la odisea de ese día.

Ambos éramos extranjeros y portábamos nuestros pasaportes, por los cual decimos vestirnos de inmediato y salir de la habitación, creyendo que los militares que se acercaban al hotel buscaban a alguien y que sería preferible identificarnos lo antes posible. Se oían voces y movimiento de personas en el pasillo.

Al abrir la puerta me encuentro de frente con HÉCTOR ARISTY, amigo y exmiembro del gabinete Constitucionalista, empuñando una pistola calibre 45. Me pregunta, “¿Qué haces tú aquí?” y yo le respondo “¿Yo estoy hospedado aquí, pero que haces tú aquí con esa pistola en la mano?”. Me respondió que un grupo de excombatientes Constitucionalistas se había desplazado de la Capital al cementerio de Santiago, para depositar una ofrenda floral a un compañero caído en la Revolución, refiriéndose al Coronel Rafael Fernández Domínguez. Mencionó que estando frente a al sepulcro le dispararon desde un edificio cercano. No habiendo localizado al tirador, el grupo se dirigió al hotel. Añadió que tenían armas largas y municiones y que estaban preparándose para repeler el ataque sorpresivo que se iniciaba en ese momento.

Fracasan los esfuerzos para obtener la intervención de la OEA


El pasillo estaba repleto de personas confundidas y temerosas. Héctor me invita a seguirlo a una habitación (la más cercana a las escaleras que bajaban al lobby) ubicada en la parte posterior del hotel, en la cual se encontraba el coronel Caamaño Deño a quien yo había conocido meses antes en el edificio Copello, sede del gobierno Constitucionalista. El coronel Caamaño (Francis) estaba con el auricular del teléfono en la mano tratando de comunicarse con el hotel Embajador en Santo Domingo para hablar con el Sr. ELLSWORTH BUNKER, embajador de los EEUU en la OEA, quien HABÍA NEGOCIADO meses atrás el acuerdo de paz entre las dos fuerzas contendientes en la Revolución.




Alegaba el coronel Caamaño que no lograba comunicarse con el hotel Embajador, no obstante sus repetidos intentos, para notificar al Sr. Bunker de la situación y solicitar su intervención con el propósito de evitar el inminente derramamiento de sangre que se avecinaba. Recuerdo indicarle que no creía que lo iba lograr ya que era evidente, que a las fuerzas armadas dominicanas se le había presentado la oportunidad de liquidar a los principales miembros que quedaban de la plana mayor del EXGOBIERNO CONSTITUCIONALISTA, y dudaba que las fuerzas de extranjeras de ocupación intervinieran rápidamente para evitarlo. Fue la última vez que hablé con “Francis”.

Se organiza la defensa y llegan los tanques
A la salida de la habitación encuentro al capitán Montes Arache, manipulando una M16A1, fusil de asalto introducido no hacía mucho en el ejército de los EE.UU. y con los cuales estaban equipados los miembros de la División 82a Aerotransportada, pertenecientes a las fuerzas de ocupación. A sus pies había una caja de municiones calibre 5.56mm para ese fusil. Recuerdo expresar mi sorpresa al ver el M16 en su poder y él respondió que esa arma era lo “último” que tenían los “Yankees” y por eso la poseía”.

El capitán Montes Arache se dirigió de inmediato a la ventana que cubría la parte frontal del edificio, en el espacio donde terminaban las escaleras y lanzándose al piso se dispuso a disparar.

Yo lo acompañé y me situé cerca de él también en el piso por breves momentos, durante los cuales vi caer como resultado de sus disparos a varios soldados que se acercaban a una distancia de unos cincuenta a cien metros del hotel. El capitán comentó algo así como” ¡mira a esos pendejos como vienen a pecho descubierto!”



Valentín propuso que saliéramos corriendo por la parte trasera del hotel, lo cual no me pareció acertado, ya que era evidente que estábamos rodeados y nos exponíamos a que nos dispararan sin que tuviéramos la oportunidad de identificarnos como extranjeros y meros huéspedes del hotel. Bajamos hasta la cocina y volvimos al corredor donde se encontraba nuestra habitación, entre la gente que llenaba el estrecho espacio. Preguntamos si alguien había visto a la pareja (Cristina e Ian) quienes nos habían notificado minutos antes de los primeros disparos, que se marchaban del hotel. Alguien nos informó que los habían visto bajar hacia la primera planta. DE pronto oímos una voz anunciando que se acercaban unos tanques. Consideré que, para acercarse, los blindados deberían subir la loma donde está ubicado el hotel y por los tanto la dirección de los disparos sería ascendente hacia el segundo piso, que de todas maneras era donde estaban apostados la mayoría de los defensores.

Decidimos bajar a la primera planta y así lo hicimos, cruzando el lobby para refugiarnos en el corredor ubicado detrás del “front desk” donde estaba situada la barbería del hotel. Allí había un grupo de personas entre las cuales se encontraban una mujer embarazada y menores de edad, así como Ian y Cristina.

También había unos norteamericanos pertenecientes al circo que estaba instalado frente al hotel, donde hoy se encuentra el teatro Cibao.

Poco tiempo después, los disparos de los tanques hacían impacto en las paredes externas del edificio, y en el pasillo nos inundaba partículas de pintura desprendidas del techo al estremecerse la estructura. Los niños lloraban y las mujeres recurrían con sus plegarias a la protección del Todopoderoso. Oímos golpes y gritos en la última habitación del pasillo ubicada en la parte trasera del edifico (en el lado del parqueo) y Valentín y yo fuimos a investigar. Los golpes y chillidos provenían del closet, cuyas puertas correderas de “plywood” no podíamos abrir.

Entre tres pudimos derribarla y en el interior descubrimos a la “gorda” del circo, una norteamericana en pánico que no hablaba español. No concebíamos como pudo introducirse en el closet, pero imagino que el temor superó la ley de “masa-espacio”.

Le buscamos una silla, pero la protuberancia de la parte baja inferior trasera de su cuerpo; el extraordinario volumen y el asombroso peso que alcanzaba aquella mujer, dificultaba su uso. Seguía balbuceando sin comprender lo que estaba sucediendo. Presentaba un cuadro triste que nos causó mayor desasosiego y pena.

En una inspiración Quijotesca se me ocurrió sugerir, que enarbolando una camisa blanca como bandera, sacáramos del hotel a las mujeres y los niños, pero alguien me apuntó con un revolver para darle énfasis a su argumento, de que de allí no saldría nadie ya que si evacuábamos a las mujeres y niños los que quedaran serían exterminados. No me pareció prudente frente a la “fuerza” de sus argumentos, responder que de todas maneras era obvio por la ferocidad con que estábamos siendo atacados que pocos saldríamos con vida.




Llegan aviones

Poco después oímos aviones sobrevolando el hotel. ¿Sería el principio del fin?...... Nos preparamos psicológicamente para un ataque aéreo, pero en verdad era poco lo que podíamos hacer físicamente.

Pensé que sufríamos la misma sensación de frustración que debían sentir liebres acorraladas entre cuatro paredes sin posibilidades de salir ilesas del acoso de los cazadores. Sorpresivamente y para el alivio de todos, los aviones no dispararon limitándose a sobrevolar el área. Más adelante en este relato haré referencia a este fenómeno.
Cese al fuego

Al mediodía, se hizo presente en el lobby del hotel, representantes de la Iglesia Católica acompañados de un funcionario del consulado de los EE.UU. aunque en aquel momento no pude precisarlo. Por medio de un altoparlante se anunció que se había acordado un alto al fuego; se nos solicitó que fuéramos a nuestras habitaciones para recoger los efectos personales y se nos informó que posteriormente se procedería con nuestra evacuación.

Mientras los huéspedes cumplían con las instrucciones impartidas, los defensores del hotel continuaban en sus puestos de combate. Subí las escaleras y al pasar cerca del balcón que se proyectaba sobre el parqueo en la parte trasera del hotel, vi el impacto de un obús obviamente disparado por un tanque y en el piso sangre y diminutos restos de un cuerpo humano.

Supe después que pertenecían al coronel Juan María Lora Fernández, quien junto a su ayudante el sargento Domingo Peña, fueron víctimas de los fragmentos de un proyectil disparado por un tanque, cuando ellos les hacían frente.

Aunque parezca una frivolidad inexplicable decidí afeitarme, y junto a Valentín, recogimos nuestras pertenencias de la habitación, y nos dirigimos con nuestras maletas al área donde estaba ubicada la piscina, ya que habían anunciado que allí se ofrecían refrescos. Bajamos por las escaleras traseras que daban acceso a la cocina y en esta vimos un tanque que había penetrado parcialmente por la pared exterior del edifico, habiendo sido neutralizado por los defensores.

La segunda fase del asalto

Serían aproximadamente las 2:00 de la tarde y aún no habíamos terminado de tomar el primer vaso de refresco que se nos brindaba junto a la piscina, cuando comenzó nuevamente el ataque al hotel con un nutrido fuego de armas automáticas. Valentín y yo corrimos con nuestros respectivos equipajes hacia el bar del hotel que se encontraba entre la piscina y el área de parqueo, separado del lobby por un espacio abierto a ambos lados. En el bar cuyo interior estaba bastante dañado con vidrios rotos esparcidos por todo el suelo, nos encontramos con un hombre que empuñaba un revolver escudándose detrás de una mesa que había volteado.

Al vernos nos dijo que él “se defendería hasta la muerte” lo cual dada las circunstancias y lo expuesto del lugar en que estábamos, me pareció muy probable.

Mi amigo y yo decidimos salir de aquel sitio tan vulnerable y empujando las maletas con fuerza hacia el lobby, corrimos detrás de ellas; las recogimos y volvimos al lugar donde habíamos pasado la mañana al lado de la barbería. Allí nos encontramos con las mismas personas incluyendo los norteamericanos del circo. Seguíamos apostando a que los defensores continuaran manteniendo a raya a los atacantes. El ataque continuó ininterrumpidamente y con brío hasta las 5PM cuando oímos en la distancia el ruido de helicópteros que se acercaban, Era evidente que pertenecían a las fuerzas de ocupación que finalmente habían decidido ponerle fin a ese insensato y despiadado ataque a un hotel lleno de personas inocentes entre los cuales se encontraban ciudadanos norteamericanos. ¿Si la excusa para intervenir y ocupar el país fue “para salvar vidas norteamericanas”, porqué tardaron tanto en llegar?
El final de la odisea

Cesan los disparos y los sustituye el ruido de los motores y las aspas de los helicópteros. Poco después se acercan al hotel unos oficiales norteamericanos. Salimos del corredor y desde la entrada del hotel pudimos observar cómo fuerzas norteamericanas rodeaban el lugar y se retiraban los efectivos dominicanos. El asalto había fracasado para la felicidad de los que habíamos sido el blanco de un nutrido fuego de fusiles, ametralladoras y tanques durante 7 horas. Se acabaron las dudas, podríamos celebrar las navidades y la llegada del año 1966, algo que hasta ese momento parecía poco probable.

Los que estaban en el hotel y residían en Santo Domingo, incluyendo los defensores Constitucionalistas, serían evacuados por los norteamericanos en helicópteros. Valentín; Cristina; Ian y yo decidimos bajar a la ciudad de Santiago, pero esa arriesgada experiencia dada las circunstancias del momento, pertenece a otra faceta de esta historia.

Conclusión
Existen tres motivos fundamentales a los cuales se le puede atribuir el que saliéramos con vida del Hotel Matum, y a que los defensores sufrieran pocas bajas numéricas aunque muy dolorosas.

1. Al valor y alto nivel de capacitación de los efectivos constitucionalistas y los oficiales que dirigieron la defensa del hotel frente a una fuerza muy superior en número y armamento.

A ellos le debemos nuestras vidas ya que estoy convencido que si los atacantes hubiesen ocupado el hotel habrían masacrado a los sobrevivientes sin recato. En el Hotel la consigna era que, si el ataque persistía, al oscurecer los combatientes Constitucionalistas descenderían a Santiago infiltrándose entre las fuerzas atacantes y tratarían de iniciar un levantamiento popular en la ciudad. Las probabilidades de lograrlo eran altas y las consecuencias de tal acción hubiesen sido muy sangrientas.

2. A la ineptitud de los atacantes. Aunque el asalto no hubiese sido planificado con días de antelación y la debida preparación, la superioridad numérica; el armamento disponible y la sorpresa (aunque esta se hubiese perdido parcialmente en la agresión durante la ceremonia en el cementerio) les proporcionaba a los atacantes una ventaja crucial que no supieron aprovechar. Estratégica y tácticamente el asalto fue un verdadero fracaso con numerosas bajas en las filas de los agresores.

3. A que los aviones estuviesen desarmados. En una conversación veinte años después (1985) con un oficial que estaba de servicio en la base aérea de Santiago el día del asalto al Matum, este al conocer mi experiencia, me informó que yo estaba con vida por un singular hecho que procedió a relatar. Ese día en la mañana durante el asalto, aterrizaron en Santiago dos P51, aviones de caza de la Fuerza Aérea Dominicana, procedentes de la base de San Isidro. Estaban desarmados debido a las restricciones impuestas por las fuerzas extranjeras de ocupación, y solicitaron al jefe de la base que los armaran con municiones para sus ametralladores y cohetes aire/tierra para atacar el hotel.

El comandante de la base en Santiago rehusó hacerlo sin una orden escrita del oficial superior en San Isidro. Esa condición fue obviamente rechazada y los aviones no fueron armados.

Eso explica el motivo por el cual no dispararon durante el ataque al hotel limitándose a sobrevolar para intimidar. Como bien añadió aquel oficial, si esos dos aviones hubiesen atacado con los armamentos de que disponía la base de Santiago, dudo que hubiese sobrevivido mucha gente en el hotel.

Tal vez este breve relato de la historia dominicana debió escribirse mucho antes. Lo he llevado dentro de mí por mucho tiempo y hace unos 15/20 años decidí hacerlo público acompañado en ocasiones en una presentación con imágenes en PowerPoint. Ese episodio de mi vida, lo he compartido en varios escenarios, en homenaje a los que estábamos en el Matum; combatientes; mujeres; niños; dominicanos; y extranjeros, todas víctimas de un horrendo acto.

Además es inimaginable que se atacara un hotel, y más aún en tiempo de paz, sin consideración a que la mayoría de los que estaban allí eran civiles indefensos incluyendo mujeres y niños, AJENOS AL PASADO CONFLICTO entre LAS FUERZAS CONSTITUCIONALISTAS y EL NÚCLEO DE LAS FUERZAS ARMADAS DEL OTRORA GOBIERNO DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL, que a partir del 3 de setiembre dejó de existir, como resultado del acuerdo de paz firmado entre las partes beligerantes el 30 de agosto.

No olvidemos nunca lo que sucedió en ese lugar hace 50 años. Recordemos que todos los que lucharon allí ese día eran dominicanos y hermanos de armas por demás. Evoquemos con respeto a todos los caídos sin distinción de bando…. militares y civiles, todos víctimas de un momento sin precedentes en la historia nacional, donde el odio y la venganza hizo que se obviaran los más fundamentales valores humanos, siendo la intención de los atacantes el exterminio de todos los que ocupábamos este hotel. Solo un puñado de valientes y la gallardía del COMANDANTE DE LA BASE ÁREA DE SANTIAGO IMPIDIERON LA MASACRE. El Hotel Matum es el monumento a esos hombres al igual que a los demás que estábamos allí, unidos por las circunstancias y acorralados, con la única esperanza de salir con vida. 

Texto originalmente publicado con el título “Yo estaba en el Matum”