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Radiografía de los antivacunas en Francia




Mientras avanza la vacunación contra la COVID-19 en Europa, también lo hacen las campañas antivacunas. Y en ningún lugar la desconfianza y la oposición a las vacunas es tan fuerte como en Francia.

Las encuestas muestran la poca confianza que los franceses tienen en la eficacia y seguridad de las vacunas. Una desconfianza compartida entre géneros, orígenes y estatus socio-familiar.

Los antivacunas impenitentes tratan de aprovecharse de esta vacilación latente. Algunos quieren ganar influencia política o social. Otros buscan formas de obtener ganancias con vínculos con grupos de presión de la medicina, gurús de la salud e incluso con el mercado vegano.

¿Pero quiénes son estos antivacunas? ¿Cuáles son sus mensajes?

Hemos viajado por Francia para escucharlos y verificar sus afirmaciones.

Dice tener 125.000 seguidores en las redes sociales. Nos llevó seis semanas convencerlo para que hablara, y finalmente aceptó, pero de manera anónima. Asegura haber recibido amenazas de muerte. Afirma que las grandes farmacéuticas lo están rastreando debido a sus opiniones.

"Algunas vacunas de Bill Gates han provocado grandes pandemias en ciertos países, como en la India, donde llevó su vacuna, creo que contra la polio. 450.000 niños contrajeron la polio. Y en otros países, como Kenia, esto ha provocado una esterilización importante de varios miles de mujeres jóvenes", afirma.

Julián López Gómez, Euronews: "¿Tiene pruebas de lo que está diciendo?".

"Esas pruebas... el propio Bill Gates anunció en una conferencia TEDEX y en otras plataformas que la vacunación en África estaba haciendo un muy buen trabajo a nivel de la despoblación", responde.

Las afirmaciones sin fundamento de este profesor de danza, de 62 años, son ampliamente compartidas por antivacunas radicales, cuyos temas recurrentes incluyen acusaciones antisemitas, francomasonería, satanismo, cabalística y conspiraciones farmacéuticas.

"Hay una empresa que se llama Moderna, que ha recibido inversiones de Merck; hace unos cinco años ya habían trabajado en una vacuna contra la COVID, en 2015. ¿Son adivinos? ¿Conocen el futuro? La COVID, acabo de descubrirla, igual que usted. El coronavirus, igual. Pero hay personas que habían investigado sobre esta vacuna. Pasteur ya había registrado patentes sobre el coronavirus y la COVID", insiste este antivacunas que ha preferido guardar el anonimato.

El pionero francés de la vacunación Louis Pasteur, por supuesto, no registró ninguna patente para una vacuna contra la COVID-19, como afirman muchos antivacunas.


Radicalización durante la pandemia

El historiador Laurent-Henri Vignaud, coautor de un libro sobre la historia de los movimientos contra las vacunas, confirma su creciente radicalización durante la actual pandemia:

"Hemos visto cómo los teóricos de la conspiración se han tragado totalmente el mensaje de los antivacunas. El antivacunas tradicional, clásico, es una persona que se preocupa por su salud y la de sus hijos, que no quiere que se inyecte ningún producto químico en el cuerpo de sus hijos, etc. Ese es su argumento principal, un argumento médico. No se trata de inventar historias sobre virus o vacunas creadas en Marte para exterminar a la mitad de la población".

Dejando a un lado a los teóricos de la conspiración, el profesor Vignaud nos detalla el perfil histórico de los antivacunas.

"Hay un argumento fatalista, de tipo religioso. Es decir, no queremos vacunas porque Dios ha querido que estés enfermo, y no hay que ir contra la voluntad divina. Luego, hay argumentos de tipo altercientíficos, es decir, gente que no cree en la peligrosidad del virus. También hay argumentos de tipo naturalista: debemos dejar que la naturaleza actúe. Y hay un cuarto, el argumento político. Son personas que están totalmente en contra del hecho de que el Estado te obligue a tomar un medicamento", explica Laurent-Henri Vignaud, historiador, Universidad de Borgoña.

Uno de los movimientos antivacunas más activos de Francia se coordina desde un pequeño pueblo, de 120 habitantes.

Marie Werbrègue está convencida de que su hija y muchos otros niños desarrollaron rasgos de autismo, tras recibir alguna de las 11 vacunas obligatorias en Francia.

La ciencia ha descartado en numerosas ocasiones esta asociación. Pero ella sigue convencida de lo contrario.

"Es un fraude. La gente se está dando cuenta, poco a poco, de que los han engañado", afirma Marie Werbrègue, militante antivacunas.

Julián López Gómez, Euronews: "Es una acusación grave...".

"Sí, lo sé. El problema es que no hay otra palabra... Es un producto que no funciona, que produce efectos secundarios... Vacunado o no, podemos tener la enfermedad... No hay nadie, entre comillas, para el servicio de atención al cliente... ¿Cómo llama a eso?", dice Marie Werbrègue, militante antivacunas.

Marie cuenta con unos 12.000 seguidores en las redes sociales. Y se muestra optimista sobre el futuro de su mensaje militante contra las vacunas.

"Ha sido como otros escándalos que ha habido antes, como el amianto... se tardó mucho en demostrar que había un problema. Para el tabaco, es igual: durante mucho tiempo decíamos que no había problema y en un momento dado dijimos 'basta'. Será lo mismo con la vacunación", asegura Marie Werbrègue, militante antivacunas.

Desconfianza de las autoridades sanitarias francesas

Las líneas entre los antivacunas convencidos y los ciudadanos indecisos a veces se difuminan.

Según el sociólogo Jeremy Ward, la constante desconfianza de los responsables de la Sanidad pública francesa ayuda a explicar la situación:

"La razón por la que tal vez haya más dudas en Francia que en otros países es que aquí hemos tenido muchos más debates públicos sobre la seguridad de las vacunas. Tuvimos el de la seguridad de la vacuna contra la hepatitis B, a finales de los 90. En 2009, el de la gripe H1N1, el del Virus del Papiloma Humano, el de los adyuvantes de aluminio, el de las vacunas polivalentes... Hemos tenido una década muy complicada".

¿Pero cómo pueden las autoridades sanitarias francesas ganar credibilidad, oponerse al mensaje antivacunas y persuadir a los que dudan de sus beneficios?

"Uno de los primeros elementos es escuchar, y tomarse en serio las dudas de la gente. Un primer reflejo puede ser ignorarlas, diciendo 'esto son las mamás histéricas', con todas las implicaciones sexistas. Sabemos que es muy importante no dejar que circulen bulos sin dar una respuesta, aunque solo sea decir que se está investigando. Hace falta comunicación, y sobre todo transparencia. Que podamos ver los informes sobre los efectos secundarios, o efectos indeseables", explica Jeremy Ward, sociólogo, Centro Nacional Francés de Investigación Científica.

Se están realizando esfuerzos de transparencia sobre la COVID-19, dicen los expertos, lo que podría explicar por qué más franceses ahora están dispuestos a recibir la inyección.