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Ácido del diablo: el estigma de celos y venganza en la República Dominicana



Por: Raydina Lora 


El ácido del diablo es una sustancia nociva usada como un arma letal en la República Dominicana por su potencial para causar heridas graves y permanentes en segundos.


Me han comentado que el ácido del diablo es la mezcla de diferentes ácidos que se convierte en una materia corrosiva al combinar ácido sulfúrico, ácido clorhídrico y removedor de pintura de vehículos, fusionado con miel o azúcar. Es decir, una bomba incendiaria peligrosa.


La gravedad de los efectos nocivos va a depender del tiempo que dure sobre la piel y su grado de concentración. Los efectos mortíferos de este ácido se deben a la cantidad usada por el agresor. Puede afectar los huesos y órganos vitales como el hígado y  los riñones, así como causar ceguera y deformación permanente del rostro y otras partes del cuerpo.


El uso frecuente de este se ha convertido en un arma de la delincuencia para cometer agresiones por encargos que mayoritariamente tienen como objetivos a mujeres pero incluso niños han sido afectados, con consecuencias devastadoras que generan daños físicos, emocionales, económicos, psicológicos y sociales como son discriminación, aislamiento y problemas laborales. 


¿Qué está pasando en nuestra sociedad? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué tanta indiferencia ante los males sociales que nos afectan? ¿Qué debemos hacer para convivir como seres civilizados, sin envidia, sin violencia, odio, celos y venganza?


Creo necesario incorporar la cadena perpetua en nuestra legislación jurídica, sin derecho a libertad condicional, para castigar ataques malvados como el que comentamos. Por igual, la penalidad deberá aplicarse a los asesinos, secuestradores, violadores sexuales y otros.



Estoy consciente de que mi sugerencia no prosperará, al menos en estos momentos, en nuestra sociedad por motivos que usted, apreciado lector, y yo sabemos. Pero tengo fé que un día prosperará ya que entiendo que veinte o treinta años lo cumple cualquiera en la cárcel y luego vuelven a la sociedad a cometer los mismos delitos. 


Para mi lo ideal es encerrados de por vida para que mueran de vejez o enfermedad (y no me tilden de radical). Pienso que sería una excelente fórmula de sacar de las calles a los inadaptados sociales.


La autora es Orientadora y Psicopedagoga