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Cuba en su lucha contra el COVID-19 y la recuperación socioeconómica




El Hospital Mario Muñoz Monroy fue uno de los más involucrados en el enfrentamiento al pico pandémico en Matanzas, en Cuba.


En un contexto marcado por la escasez de financiación y el incremento en el mercado internacional del costo de los insumos, Cuba vivió en julio y agosto los meses más complejos en la lucha contra la pandemia, con una alta incidencia de la variante Delta. Diferentes agencias de la ONU han aportado su ayuda con el objetivo de lograr una mejor recuperación, que ya se observa en la disminución sensible del número de casos y un alto porcentaje de la población vacunada.


En abril de 2020, el Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, advertía que la COVID-19 se esparcía como un incendio forestal por todo el mundo, con dimensiones económicas y sociales devastadoras. El carácter multidimensional de la crisis fue pronto evidente: desde los impactos en la salud, hasta los efectos en la alimentación, el empleo, el acceso a bienes y servicios básicos, la economía y, en general, el bienestar de las personas.

Para la máxima representante del sistema de las Naciones Unidas en Cuba, Consuelo Vidal Bruce, la respuesta global de Organización se construyó desde esa comprensión: “la necesidad de entender los efectos de la pandemia como una crisis de desarrollo, más allá de las implicaciones meramente sanitarias; el imperativo de diseñar acciones para ‘recuperarnos mejor’, superando las asimetrías y desigualdades del mundo precedente; y la urgencia de fomentar una cooperación más eficiente hacia afuera y hacia dentro de los países”.

Con ese espíritu y bajo la orientación estratégica del Secretario General, las Naciones Unidas en Cuba dieron primero una respuesta inmediata en salud, y posteriormente una respuesta socioeconómica.

“Lo que hace las Naciones Unidas en estos casos es ponerse a disposición de los países. La primera prioridad era apoyar la respuesta en salud que venía dando Cuba a la pandemia, salvar vidas. Y luego, ante la clara multisectorialidad de los impactos, el Secretario General nos pidió unirnos en acompañar la respuesta socioeconómica inmediata, que tuviera en cuenta las necesidades de grupos potencialmente más vulnerables a la crisis, como las personas adultas mayores, con discapacidad, las mujeres, entre otros”, explica Vidal Bruce.


Desarrollo y salud

En ese contexto, Maribel Gutiérrez, representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en el país, cuenta cómo su organización ayudó, desde su liderazgo técnico, a la articulación de la respuesta socioeconómica.

“Creo que la complementariedad y el trabajo conjunto han permitido un resultado más eficiente. Hemos considerado las necesidades de grupos vulnerables, apoyado los sistemas de protección social y contribuido a reducir brechas vinculadas a estereotipos y las conductas sexistas o discriminatorias (…). Al mismo tiempo, impulsamos en cortos periodos de tiempo procesos de reprogramación de recursos financieros, así como la posibilidad de fortalecer alianzas con socios de la cooperación y nuevos proyectos”.

Por su parte, el representante de la Organización Panamericana de la Salud, José Moya, explica la contribución de su agencia en el liderazgo técnico de la dimensión Salud.

“Las prioridades del Ministerio de Salud Pública se han compartido con los equipos de las agencias, fondos y programas de la ONU en Cuba, a fin de articular una respuesta más ajustada a las demandas del país. En tiempos recientes, por ejemplo, las necesidades han ido cambiando y la atención se ha focalizado en medicamentos o equipos que han comenzado a faltar, o en materiales que se usan en las unidades de atención sanitaria. Gracias al diálogo permanente con el MINSAP (Ministerio de Salud Pública), sabemos las urgencias y se hacen las gestiones con el equipo de la sede. Por ejemplo, lo anterior permitió que, en julio, cuando hubo un incremento importante y sostenido de la trasmisión en el país, movilizáramos cerca de 13 toneladas de equipamiento e insumos desde nuestra oficina de Panamá”, afirma Moya.

En estos momentos, a la compra de medicamentos se han sumado, otras entidades como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, la Agencia de la ONU para los Refugiados, el Fondo de Población, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura.

Todo ello, dentro de un contexto donde la falta de materias primas, la escasez de financiamiento y el incremento en el mercado internacional del costo de los insumos, comprometió sensiblemente los niveles de producción de antibióticos y otras medicinas por parte de la industria biotecnológica nacional, así como su adquisición en otros mercados. Algunos de esos productos ya están en territorio nacional. De otros, se espera su arribo próximamente.

Un recorrido por los apoyos prestados por la ONU a Cuba permite comprobar cómo las contribuciones han trascendido el sector salud y abarcado los impactos multidimensionales de la pandemia. En consonancia con la visión de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, los esfuerzos han combinado la respuesta a necesidades con otras más a mediano y largo plazos.

El apoyo de la ONU a Cuba ha incluido:

En el área de salud:

Reforzamiento de las capacidades de los servicios de salud
Medios diagnósticos y de protección (PCR, antígenos, mascarillas, antibacterial, guantes, batas médicas, caretas protectoras)

Medios de transporte

Medicamentos (antibióticos, otros)

Ventiladores pulmonares

Fortalecimiento de líneas de producción de la industria biotecnológica nacional, como las mascarillas e hisopos producidos por el Centro de Neurociencias de Cuba (CNEURO)
Equipos e insumos para fortalecer ensayos clínicos de vacunas, y otros procesos investigativos asociados a COVID

Mantenimiento de programas priorizados del Sistema Nacional de Salud (Programa Materno Infantil, Salud Sexual y reproductiva, atención y apoyo a las personas que viven con VIH, atención a enfermedades crónicas no trasmisibles)

Análisis y disponibilidad de información sociodemográfica para la toma de decisiones (grupos de edades más contagiados, caracterización de las familias, correlación entre variables sanitarias, demográficas y socioeconómicas para el enfrentamiento de pandemias)

Distribución de alimentos nutritivos para niños, en general, y niñas embarazadas en particular y, a través de los Sistemas de Atención a la Familia, para adultos mayores
Diagnósticos actualizados sobre los Programas de Autoabastecimiento Municipal
Apoyo a instituciones educativas y hogares de niños sin amparo familiar con condiciones para implementar protocolos de prevención y control de COVID-19:

Fortalecimiento del equipamiento audiovisual para la realización de actividades educativas televisadas

Creación de guías educativas y materiales didácticos para el apoyo a la educación en tiempos de pandemia

Campañas de comunicación de riesgo y talleres online para generar capacidades y apoyo socioemocional en familias y docentes
Focalización de necesidades y estrategias de protección para grupos vulnerables de diferentes localidades

Apoyo a servicios básicos para la prevención y atención de la Violencia Basada en Género e Intrafamiliar

Respuesta económica y recuperación

Fortalecimiento de estrategias de desarrollo municipal post COVID-19

Se favorece la sostenibilidad de la producción de alimentos
Se fortalecen capacidades locales en los planes de sanidad, producción de alimentos y cadenas de producción de insumos y servicios de apoyo
Se fortalecen cadenas de suministro, acopio, beneficio y producción de productos agropecuarios y mini-industrias locales.
Implementación de prácticas y tecnologías agropecuarias resilientes al cambio climático
Apoyo al uso de fuentes renovables de energía a través de soluciones de transporte no contaminantes